Mitre logró el tan ansiado objetivo y le devolvió a la provincia mucho más que el boleto a la segunda categoría: tribunas colmadas, entusiasmo infantil, nivel deportivo y posicionamiento a nivel país. Es el mejor momento basquetbolístico en la historia de Misiones. Una etapa para disfrutarla, para cuidarla, pero sobre todo para aprovecharla en pos del crecimiento de la competencia local.
Mitre sigue saboreando el logro más significativo de su historia. Los festejos continúan y no es para menos. Acaba de ascender a la Liga Argentina, segunda categoría a nivel país, y no es poca cosa. Pero el hito conseguido por el “auriazul” también lo festeja todo el ambiente básquetbolísitco y del deporte misionero en general, ya que le devolvió a la provincia mucho más que el ascenso.
Tras su vuelta a la Liga Federal en 2023 -después de 10 años- el club capitalino “rompió el chanchito” al realizar una apuesta económica y deportiva importante, con el objetivo principal de pegar el salto de categoría. La dirigencia, encabezada por Sebastián Macias, y el entrenador Matías Martinho –el cerebro principal-, armaron un plantel con experiencia y talento que le dio sus frutos: los jugadores mostraron temple y carácter para dar vuelta las últimas tres series de playoffs que iniciaron con resultados negativos. Nadie les regaló y batallaron para avanzar paso a paso hasta cumplir con la meta. Bien merecido.

El espectáculo generado en este periplo también es digno de analizarlo, porque el derrame deportivo en Misiones, hasta el momento, termina siendo extraordinario. El boleto conseguido a la Liga Argentina – ex Torneo Nacional de Ascenso-, le aporta a la tierra colorada mucho más que el logro propiamente dicho: tribunas colmadas, entusiasmo infantil con la “naranja”, nivel deportivo y posicionamiento a nivel país. El combo es divino y emocionante pensando a futuro. Pero claro, hay que disfrutarlo, valorarlo y sobre todo cuidarlo.
Los posadeños – dirigentes, periodistas y público en general- tenemos antecedentes negativos a la hora de “cuidar y valorar” los momentos deportivos. Basta con recordar lo sucedido en 2015 con el fútbol: Crucero del Norte en la primera división, Guaraní Antonio Franco en la B Nacional y Jorge Gibson Brown en el Torneo Federal B –sumado a Ex Alumnos 185 de Oberá-. Fue el mejor momento del fútbol misionero, pero no duró nada. Por distintas razones, esa etapa se esfumó en menos de un año con los descensos consumados del “colectivero” y de la “franja”. Algo parecido sucedió con el paso de Luz y Fuerza en la Liga Nacional y su triste final.

Hoy estamos ante el mismo panorama en el básquet con OTC como representante consolidado en la máxima categoría, incluso jugando la Liga Sudamericana, con Mitre en el segundo eslabón, y con Tokio y CAPRI –ojalá se sume otro- con expectativas de seguir en la Liga Federal. No hay registros de un presente de este tipo en Misiones. Por eso es momento de acompañar en las canchas –el público- y de aprovechar el envión para potenciar el certamen local, tanto en las categorías formativas como en los mayores –dirigentes-.

Nuestro presente nacional tiene que ser el fiel reflejo de la Liga Provincial, tanto en masculino como en femenino. Necesitamos seguir desarrollando nuestro semillero y que a través de ello surjan promesas que luego alimenten los planteles de primera. El certamen doméstico tiene que contar con más clubes. Es necesario impulsar nuevamente la vuelta de instituciones como Siglo XXI de Puerto Rico, Tirica de Eldorado, Cataratas o la Liga de Iguazú, o el propio AEMO de Oberá, todos representantes de ciudades que han sacado campeones provinciales y buenos valores. Ojalá aprovechemos esta actualidad para potenciar lo nuestro.
Para los que amamos el básquet misionero es tiempo de sonreír. Como sucede con OTC en la Capital del Monte, ahora también vendrán grandes equipos a Posadas y seguramente se vivirán espectáculos de primer nivel. Pero recuerden: valoremos, cuidemos y aprovechemos el momento. Todo esto ayudará a sostener en el tiempo las plazas nacionales que tanto costaron obtenerlas. El desafío es grande pero depende de todos.









