NBA
La historia de Kerr, el perseverante entrenador del campeón
Tuvo una infancia complicada, pero en cada etapa de su vida se ha ganado la medalla a la perseverancia y ha sabido salir adelante.
FMBB
Golden State es un señor equipo, que se transformó en un súper equipo con el refuerzo de un Kevin Durant hambriento de gestas importantes. Pero también es cierto que el factor Steve Kerr y cuerpo técnico fue vital para amalgamar egos gigantes y hacerlos coexistir. Además pudieron impregnarle al equipo mayor sabiduría táctica e inteligencia defensiva, factores que terminaron marcando la diferencia en Las Finales para que el conjunto de la Bahía de San Francisco pudiera consagrarse campeón ante los Cavs, luego de haber perdido las anteriores ante el mismo rival. Kerr entiende el básquet como pocos, ya que es un exjugador de la NBA, competición en la que ha ganado cinco anillos (tres con Chicago Bulls y dos con San Antonio Spurs). Pero su historia transciende el deporte y es mucho más dura de lo que uno se puede imaginar.

Kerr inició su idilio con el básquetbol en la Universidad de Arizona en 1984. En ese mismo año, con apenas 18, recibió una noticia escalofriante: su padre, Malcolm Kerr, había sido asesinado en su oficina, en la Universidad Americana de Beirut (AUB son las siglas en inglés). Su padre siempre estuvo involucrado en el ambiente académico, ese mismo entorno fue el que lo llevó a la muerte. Los conocimientos de Malcolm sobre Oriente Medio y su gran capacidad a la hora de disertar lo hicieron viajar por todo el mundo mientras en su país se desarrollaba una feroz Guerra Civil -duró de 1975 a 1990-. Volvió a Líbano en 1982 para transformarse en el presidente de la AUB. Consideraba que lo peor de la Guerra ya había sido superado, pero estaba equivocado. A los dos años de mandato fue asesinado por dos terroristas armados de la Organización Islámica Jihad. Cuando Steve Kerr se enteró de lo sucedido tomó una decisión que le valió el sobrenombre hielo y que lo definió de cuerpo entero: prefirió quedarse en Arizona a entrenarse para el clásico ante Arizona State, en vez de ir al velorio de su padre en Líbano. Paradójicamente, en dicho partido mostró su mejor rendimiento.

Ingresó a la NBA a través del Draft de 1988. Phoenix Suns lo eligió en el puesto 25 de la segunda ronda. La participación del base dentro del equipo estuvo acorde al puesto de selección, dado que jugó solamente 26 partidos. El siguiente año fue transferido a los Cavaliers -equipo que derrotó como entrenador en Las Finales- y sus estadísticas aumentaron exponencialmente: durante las tres temporadas que representó a Cleveland triplicó la cantidad de minutos por partido de 6,04 a 18,66. La ’92/’93 significó un período de transición para Kerr, ya que la mitad del año jugó para los Cavs y la segunda parte lo hizo para Orlando Magic. Sin embargo Orlando no fue un reino mágico para Steve y luego de 47 partidos buscó nuevos horizontes. En la atmósfera del básquet de aquel tiempo había un equipo de los sueños en el que todos deseaban jugar. Eran los Chicago Bulls, franquicia en la que deslumbraba un tal Michael Jordan. Y, a partir de la temporada ’93/’94, Steve Kerr.

"No sé qué diablos estaba pensando. Es Michael Jordan, es el mejor jugador de todos los tiempos, pero yo era bastante competitivo y jugaba con agresividad. Tenía que hacerlo así, de lo contrario no lo hubiese logrado", declaró Kerr sobre su intercambio de golpes con Jordan. Durante un entrenamiento previo a la temporada ’95/’96 ambos jugadores tuvieron roces importantes, los cuales prosiguieron con una serie de insultos y terminaron en una pelea. Kerr, a pesar de ser mucho más bajo y menudo que Jordan, no esquivó la batalla y terminó con un ojo negro. La trifulca hizo recapacitar al mejor basquetbolista del mundo y a partir de ella cambió su actitud hacia el equipo. Cambió arrogancia por tolerancia. Este suceso fue el punto de inflexión para que el equipo de Chicago se transformara de un equipo competitivo a un equipo ganador. Se generó una hermandad entre todos los miembros del plantel y se gestó una de las dinastías más arrolladoras de la historia: ganaron tres anillos en forma consecutiva. A su vez, para agigantar el relato, en el primer campeonato de la trilogía, consiguieron la segunda marca de más victorias en temporada regular -72 sobre 82 partidos-.

Luego de obtener su tercer anillo con los Bulls, cambió de aire. Se trasladó a Texas, más precisamente a San Antonio, en donde estaba situada una germinante franquicia: los Spurs. Se amalgamó rápidamente a un equipo liderado por el pivote David Robinson y por una nueva y joven estrella, llamado Tim Duncan. Allí obtuvo sus últimos dos anillos como jugador, siendo un factor importante para el equipo debido a toda su experiencia y sabiduría. Emanuel Ginóbili, el escolta argentino, tuvo la posibilidad de establecer una amistad mientras jugó a su lado y hasta se dio el lujo de ganar un campeonato junto a él -2002/2003-. "Manu, no es solamente uno de mis jugadores favoritos en la NBA, sino también es una excelente persona. Es increíble que ahora cuando es una súper estrella de la liga siga siendo el mismo que yo conocí en San Antonio. Es una hermosa combinación, un competidor increíble y al mismo tiempo una persona muy amigable y eso es lo que lo hace alguien muy especial", manifestó Kerr.

Tuvo un paso en falso como mánager general de Phoenix Suns. Luego se dedicó al periodismo y a analizar el juego para una famosa cadena deportiva estadounidense. Finalmente, el triplero con mejor efectividad en la historia de la Liga encontró su lugar en Golden State Warriors. Ahora adoctrina a un grupo de hombres con hambre de gloria, y ganas de seguir ganando, fiel a un estilo competidor distintivo de los grandes.

El propio Steve Kerr es un competidor nato y ganó su propia batalla en estos playoffs. En el Juego 2 de la 1° Ronda ante Portland Trail Blazers volvieron a su cuerpo los síntomas de mareo y descompostura que empezaron a ocurrirle tras una operación en la cadera, en la que se le dispersó líquido espinal por el organismo a causa de una negligencia médica. Fue reemplazado por su mano derecha, Mike Brown y recién pudo regresar en el Juego 2 de las Finales. En el festejo del campeonato se lo pudo ver sumamente emocionado. No es para menos, anoche no solo se colgó la medalla de campeón, sino que también la de la perseverancia.

Fuente: BASQUET PLUS
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