NBA
Manu, el león herbívoro
El bahiense cambió su enfoque del juego y de la vida hace unos años, pero en lo profundo de su cabeza y personalidad sigue vigente el tremendo competidor.
FMBB
Hace poco más de un mes tuvimos la chance de entrevistar a Manu Ginóbili en San Antonio, antes de dos partidos significativos de la fase regular, contra Cleveland y Golden State, de local. Allí, en el que fue nuestro primer podcast, Ginóbili, en el medio de la charla, tiró al pasar algo tan fuerte como contundente: "Ahora soy un león herbívoro", parafraseando la famosa cita de Juan Domingo Perón cuando volvió al país tras su exilio.
Explicando el por qué de esa idea, Manu nos decía que los demás lo ven como un gran competidor más por su fama e historia anterior que por la realidad actual. Es cierto. Manu no es el mismo porque, a tiempo, se dio cuenta de que, si seguía queriendo estar a la altura de los mejores, y no tomaba conciencia de su edad, la iba a pasar mal. La pasó mal, de hecho.
Los hijos, dice él, le sirvieron mucho para ese cambio, e incluso queda hasta romántico como madurez. Sin embargo, creemos, lo que más provocó ese cambio fue la enorme inteligencia que tiene Ginóbili, ya no solo para el juego, sino para advertir las situaciones que se van dando y el entorno. Y su gran capacidad para analizar todo al derecho y al revés hasta encontrar una respuesta.
El ser un tremendo competidor es una situación que le genera muchísima euforia...al que consume sus actos: los fans, la gente que lo mira por TV. Pero no le da al actor central, salvo excepciones, mejor salud. Seguramente todos verán a Michael Jordan como alguien que solo vive cosas buenas a partir de su carrera y su dinero, pero incluso hasta que cumplió 50 años (2013), no podía convivir con su competitividad. Hasta pensó en volver a jugar a esa edad. Es una característica que se opone a una vida placentera, porque los momentos de gloria son infinitamente menos que los que no lo son.
Anoche, dentro de esta nueva estructura mental que maneja Manu desde por lo menos mediados de 2013 (tras aquella durísima final perdida contra Miami), hubo algo que prendió ese fuego sagrado que, obviamente, nunca desapareció en Ginóbili, sino que hiberna mientras su propietario así lo decide. ¿Por la ausencia de Parker? ¿Por la instancia? ¿Por la lesión de Leonard? ¿Por ver que las estrellas que se sumaron no estaban dando la cara?
Una, o todas esas cosas, y seguramente varias más que solo él conoce, lo volvieron a convertir en el rey de la selva. Anoche, Manu dejó el menú que venía consumiendo, olió el sabor de la carne y quiso, por una noche, volver a probar ese bocado tan rico, y tan peligroso.

Fuente: BASQUET PLUS
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