Debate
La canasta corporativa
El periodista Pablo De Biase, en la última edición de la revista mensual “Un Caño”, hizo una profunda crítica al periodismo especializado de básquetbol. De Biase, ajeno a este deporte, profundiza en la falta de crítica que reina en el ámbito de los periodistas y evidencia el “amiguismo” con los jugadores. Una mirada distinta, polémica que vale la pena leer, para un debate del que nunca hablamos: el periodismo en el básquet.
Entrevistas | Primera
Algunos amigos me llamaron y me dijeron “¿Leíste la revista Un Caño edición de octubre?”. Para quien esto escribe la revista mensual “Un Caño” es posiblemente la mejor revista deportiva del país. No trae estadísticas ni resultados, solo opinión, historias de vida y análisis. Digamos, lo que debe hacer toda revista mensual. Tiene una mirada crítica a todo lo que ve, con periodistas muy calificados y conocidos de los medios.

En la pagina 81 de su última edición, en el reparto nos tocó a nosotros. Digo, a los periodistas de básquetbol, desde la mirada de Pablo De Biase.

Pablo, que trabajó para el diario Olé entre otros medios, es hijo de Juan De Biase quien falleció el pasado 14 de junio y fuera Secretario de Redacción de Clarín durante 25 años, maestro de periodismo, es decir, hay tradición en la familia. Es un periodista ligado al fútbol y en el marco del último mundial de básquet de Turquía se enojó con lo que recibió del lado del periodismo especializado.

Antes que decir mi opinión de la nota es bueno leerlo, analizar y reflexionar sobre su columna. Por diferente, por meterse con un tema tabú (los periodistas no hablan de periodistas) por ácido, porque propone un lindo debate. Yo no considero que el valor emocional de Delfino sea como el de Messi, de acuerdo a lo que De Biase dice y tampoco coincido sobre su mirada en el mundial, pero si estoy de acuerdo con mucho de lo que opina, sobre todo en cuanto a la función del periodista. Pasen, lean y opinen. Este debate también le pertenece al básquet:

“La Canasta Corporativa”

(por Pablo De Biase - Revista un Caño- #30 – Octubre 2010)

El básquetbol como cualquier pasatiempo popular, tiene amantes y detractores. Y cuando hay alguna competencia importante, curiosos que se arriman a sus arrabales. Pero de lo que carece el básquet, el mundo del básquet, es de una prensa crítica que desmenuce su pulpa con ojos escrutadores. A cambio de una visión integral, los expertos en básquet acumulan cantidades increíbles de estadísticas intrascendentes.

No se trata de herir susceptibilidades, sino de evitar la negación de realidades. Así como no hay dudas que se trata de un deporte popular en la mayoría de los países, Argentina incluida, se trata también de un deporte formativo y participativo: después del fútbol es el deporte más practicado en todo el planeta. Es que, más allá de tecnicismos y cuestiones reglamentarias que mutan mes a mes, los rudimentos del juego son comprensibles para cualquiera: hay que embocar la pesada pelota naranja en el aro, y el que la emboca más veces gana. Con un solo aro, un pedacito de patio y pelota, dos o tres personas pueden divertirse y moverse un largo rato.

Ahora, cuando se trata del gran circo profesional, a diferencia del futbol, del tenis o del boxeo, no existen miradas que nos expliquen y nos muestren lo que no es evidente a los ojos ingenuos o ignorantes. No hay críticos de básquet en la Argentina, solo voceros y pregoneros, con una lógica corporativa que abruma. Como si se tratara verdaderamente de una “familia”, algo que se puede justificar en deportes en los que seguidores, practicante y comentaristas no pueden ser discriminados con facilidad (y que en total son unos pocos cientos), los periodistas de básquet llaman a los jugadores de la selección (muchachos millonarios, sometidos a la misma lógica despiadada de todos los circos del espectáculo) como si fueran sus primos o sus mejores amigos de la escuela: no tienen apellidos, sólo nombres y apodos.

Así, un lego vulgar que ve que Lituania nos pega una paliza tiene que tragarse, como justificativos por la derrota en los comentarios del partido, lo que en los análisis previos eran fortalezas que permitían alentar esperanzas. Así la experiencia heroica de La Generación Dorada se convierte en un desventajoso promedio de edad de 30.5 años contra 24.2 de los rivales, y Delfino (por poner el ejemplo de lo que desde la ignorancia nos parece un pechito frío) pasa de ser un dotado a una víctima del esfuerzo. Y las imposiciones mafiosas de la NBA, en boca de quienes son campeones del antidoping, son sólo lecciones para mejorar el deporte.

En definitiva, los cronistas y analistas tendrían que deberse, formalmente al menos, a sus lectores, oyentes, televidentes…en una traspolación que haría enrojecer de vergüenza al propio Julio Grondona, los periodistas de básquet, muy campantes, afirman que esto o aquello le hace bien o mal al básquet, como si fueran delegados del deporte en los medios y no periodistas cubriendo acontecimientos deportivos.

No embromemos, si el quinto puesto en el mundial de fútbol, tras ser goleados por Alemania, fue un fracaso ¿Por qué el quinto puesto en el mundial de básquet, tras ser goleado por Lituania, no es un fracaso?. ¿Porque decirlo le hace mal al básquet? ¿o porque nos preocupa que Luisito, Huguito o Cachito se depriman?. ¡Por favor!

Fuente: Nota extraida de Pickandroll
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